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Saturday, 12 de September de 2026
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Televisión

María Luisa Godoy y el oficio de volver a la televisión con una mirada distinta

La animadora reflexiona sobre una nueva etapa profesional, los cambios de la pantalla chilena y las prioridades que hoy guían su trabajo.

Por Camila Rojas··7 min de lectura
Conductora chilena conversando en un estudio de televisión

Hay regresos a la televisión que se explican por la continuidad de una carrera y otros que adquieren sentido porque permiten mirar el oficio desde otro lugar. En el caso de María Luisa Godoy, la vuelta a un proyecto televisivo ocurre después de años de exposición pública, coberturas en vivo, festivales, conversaciones con figuras de distintas generaciones y una experiencia familiar que también ha ocupado un espacio relevante en su vida pública.

Godoy es periodista y conductora de televisión. Su trayectoria se ha desarrollado principalmente en espacios de conversación, actualidad y entretenimiento, con una presencia especialmente asociada a Televisión Nacional de Chile. En ese recorrido ha participado en programas como Buenos días a todos y ha asumido la conducción del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar junto a distintos animadores.

Una carrera construida frente a la cámara

La televisión abierta chilena exige una combinación poco sencilla: preparación periodística, rapidez para reaccionar, dominio del lenguaje directo y capacidad para sostener una relación cercana con audiencias muy diversas. Godoy ha desarrollado su carrera dentro de esa tensión, alternando la conversación informativa con formatos de espectáculos y grandes transmisiones en vivo.

En los programas matinales, la conducción no consiste únicamente en presentar contenidos. También implica ordenar una pauta cambiante, escuchar a los entrevistados, traducir asuntos complejos y mantener la continuidad cuando aparecen imprevistos. En una transmisión de larga duración, esa labor se vuelve visible en la manera de hacer preguntas, administrar los silencios y acompañar a la audiencia durante acontecimientos alegres, dolorosos o inesperados.

Su participación en el Festival de Viña del Mar amplió esa experiencia hacia un escenario de alcance internacional. La conducción del certamen combina espectáculo, entrevistas, humor, música y reacción inmediata ante el público de la Quinta Vergara. También requiere trabajar con un equipo amplio, respetar los tiempos de una transmisión en directo y comprender que cada gesto puede ser interpretado por espectadores presenciales y remotos.

Volver no significa empezar de nuevo

El regreso de una figura conocida suele ser presentado como una novedad, pero para quien conduce representa la acumulación de aprendizajes anteriores. Cada programa deja herramientas: la capacidad de escuchar mejor, la conciencia de que una pregunta puede cambiar el tono de una conversación y la experiencia para distinguir entre una situación que necesita velocidad y otra que exige prudencia.

En una industria que modifica con rapidez sus formatos, regresar también supone negociar con nuevas formas de consumo. La audiencia ya no recibe la televisión únicamente a través de la pantalla tradicional. Comenta en redes sociales, recorta momentos, revisa entrevistas después de la emisión y compara en tiempo real la manera en que los rostros públicos enfrentan una situación. Esa circulación permanente obliga a cuidar el contexto y a no confundir espontaneidad con falta de preparación.

Para una conductora con experiencia, el desafío no está en repetir una fórmula conocida. Está en conservar la naturalidad sin perder rigor, asumir que el público tiene más alternativas y construir una conversación que pueda sostenerse más allá del momento televisivo.

La conciliación familiar como parte de la conversación pública

Godoy ha hablado públicamente de su maternidad y de las dificultades de organizar la vida familiar mientras desarrolla una carrera con horarios extensos y períodos de alta exposición. Está casada con el abogado Ignacio Rivadeneira y es madre de cinco hijos. La dimensión familiar no constituye un detalle separado de su trayectoria: ayuda a entender las decisiones, los ritmos y las prioridades que acompañan su trabajo.

Una parte significativa de esa conversación se relaciona con su hija Luisa, quien tiene síndrome de Down. Godoy ha utilizado su visibilidad para referirse a la inclusión, a la necesidad de eliminar prejuicios y a la importancia de que las personas con discapacidad sean reconocidas en todos los espacios de la sociedad. Hablar de esa experiencia no reemplaza las políticas públicas ni el trabajo de las organizaciones, pero puede contribuir a que asuntos habitualmente tratados en privado formen parte de una discusión más amplia.

La conciliación, sin embargo, no debería entenderse como una responsabilidad individual de las mujeres conocidas. El debate también involucra la distribución de las tareas de cuidado, las condiciones laborales, los horarios de la televisión y el papel de las redes familiares. En ese sentido, la experiencia de una figura pública puede abrir una conversación social, pero no debe convertirse en un modelo obligatorio para todas las familias.

Una industria que cambió mientras ella estaba al aire

La televisión chilena de hoy es distinta de la que recibió a Godoy en sus primeros años. La audiencia se fragmentó entre canales abiertos, plataformas digitales, redes sociales y contenidos producidos desde dispositivos personales. Los programas compiten no solo por la sintonía de una emisión, sino también por la conversación que generan y por la capacidad de permanecer en la memoria del público.

Ese cambio modificó la relación entre periodistas, celebridades y espectadores. Una entrevista puede ser evaluada por su profundidad, pero también por un fragmento de pocos segundos. Una respuesta puede perder su contexto al circular en redes. La conducción contemporánea necesita, por ello, una comprensión más amplia de la responsabilidad editorial: preguntar con claridad, verificar los datos y evitar que la búsqueda de una reacción termine desplazando el contenido.

La industria también ha revisado la representación de las mujeres en pantalla. Ya no basta con valorar la apariencia o la simpatía de una conductora. Se observa su capacidad profesional, su criterio, su experiencia y la autoridad que puede ejercer en un espacio dominado durante décadas por expectativas estrechas sobre la edad y la imagen.

Las expectativas ante una nueva etapa

El público suele esperar tres cosas de un regreso televisivo: reconocimiento, novedad y cercanía. Reconocimiento, porque una figura con historia trae consigo una memoria compartida; novedad, porque ningún retorno puede limitarse a repetir el pasado; y cercanía, porque la audiencia busca una presencia que parezca capaz de escuchar y no solo de ocupar el centro de la pantalla.

En el caso de Godoy, esas expectativas conviven con una pregunta más profunda: cómo puede una conductora conservar el vínculo con quienes la han seguido durante años y, al mismo tiempo, dialogar con espectadores que la conocen principalmente por fragmentos digitales o por grandes eventos televisivos. La respuesta dependerá menos de una frase llamativa que de la consistencia del proyecto, la calidad de sus conversaciones y la manera en que el programa comprenda la diversidad del país.

Chile no es una sola audiencia. Las preocupaciones de una familia en una ciudad del norte, de una comunidad del sur o de quienes viven en la Región Metropolitana no siempre coinciden. Una televisión que aspire a seguir siendo relevante debe reflejar esa variedad sin convertirla en una colección de estereotipos. La experiencia de una conductora puede ayudar, pero el resultado depende del trabajo editorial de todo el equipo.

El valor de una mirada distinta

La expresión «mirada distinta» no debería referirse únicamente a una nueva escenografía o a un cambio de formato. También puede significar una forma más atenta de conversar, una relación menos ansiosa con la contingencia y una disposición a reconocer los límites de la televisión en vivo. En tiempos de opiniones instantáneas, escuchar se vuelve una herramienta profesional tan importante como hablar.

El recorrido de María Luisa Godoy reúne entretenimiento, periodismo, acontecimientos masivos y una experiencia personal que ha sido compartida con el público bajo sus propios términos. Su regreso ofrece la oportunidad de observar cómo una figura conocida enfrenta una industria transformada y qué lugar puede ocupar una conducción femenina con mayor experiencia y conciencia de su influencia.

Más que una repetición de etapas anteriores, el retorno puede ser entendido como una segunda lectura del oficio. La televisión sigue necesitando rostros capaces de acompañar, explicar y hacer preguntas. Pero también necesita profesionales que sepan que la cercanía no se improvisa y que la confianza de la audiencia se construye con tiempo, criterio y responsabilidad.

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